martes, 28 de enero de 2014

No te sentía lejos, hasta que te vas


Claramente querido caracol, pensé que me acompañarías toda la vida, aunque siendo sincera te vi lejos desde que dejaste el caparazón y decidiste caminar a distancias largas, caminar sin ver que dejabas atrás, hasta tu simple sudor o aquella cosa con sensación bizcosa que gozaba el piso de tener tu presencia a pasos corridos, aún  no entiendo tu postura por más que intente comprender el por qué la necesidad de ir rápido, con las antenitas paradas, como si tu complexión y poca sabiduría te lo facilitara. Tu, que con tan pocos años te hiciste fuerte y enseñaste a los tuyos a cuidarse y a endurecer ese, tu bonito caparazón o eso aparentabas.

Querido caracol, si hablaras todo fuera diferente ¿qué no?. Tan hermoso, tan parecido, tan respetado, tan igual y monótono como tus allegados; es más, hasta pensé en enamorarme eternamente de ti si fuera de tu especie. De esos que andan de un lugar a otro, de los que no sientan cabeza, de los altos, grandes y solitarios. Como me hubiera gustado seguirte los pasos, a menos unas cuantas horas más, para ver tu camino, entenderlo y pedirle a una hada mi único deseo cumplido merecido, pero esa línea de sensación bizcosa se borro y perdí la pista. Pensándolo bien no la busque, supuse que no irías tan lejos, que te alcanzaría en cualquier momento, que con dos/tres pasos me adelantaría para encontrarte de vuelta ahí, viéndome como al principio enfrente de ti, cada ves mas cerca.
Gracias a esta hermosa naturaleza, te conocí queridito, chiquito y bonito caracol. Y aunque te tuve en una pequeña porción de mi vida, fueron unas bonitas horas compartidas contigo, te vi y por ese lapso, motivaste mi vida, mi sonrisa y mis ganas de vivir. 

Era padre pensar que podrías vivir conmigo, al menos nunca negaste esa oportunidad, no sé cuántos años más la vida te deje vivir en este mundo, pero espero y sean muchos, de la manera que se cuenten los años contigo.
Yo por mi parte espero encontrarte hoy, mañana, o algún día de estos en los que pase por este, el jardín de mis caprichos.