lunes, 11 de julio de 2016

Llora, llora mucho



Hoy pensaba en mis comienzos, ¡cómo pasa la vida! Aún recuerdo el primer día de universidad en la que no sabía exactamente de lo que se trataba ni a lo que me metía.

Crecí, pensando que mis socios capitalistas estarían siempre y a todo momento para ayudarme en cada tropiezo, nunca piensas en las desgracias, aunque no soy la persona más agradecida, saben que soy una mujer de “fiar”, un ser noble y con la cabeza aterrizada tanto en los proyectos en los que estoy dentro, como en los organizados por terceras personas en los que me apoyo del día a día. También dentro la vida universitaria nunca pensé encontrar tanta diversión, no pensé que me fuera a ayudar a aprender a saber lo que en realidad me gusta y lo que no. Pensé que sabía distinguirlo, hasta que en realidad supe decir que no y voltearle la cara a quién debía o me pagaba mal.

Meses más tarde, entendí que esperar de alguien nunca te hará más grande, los días pasaban y mis quejidos, tropiezos y necesidades aumentaban. Llega mi cumpleaños y no hay más que lamentarse del cómo los años y tus habilidades de responsabilizarte no se están acomodando como quisieras, yo a tu edad… estas chava, palabras que recorrían mis pensamientos al reprocharme mi poca mentalidad para eso de generar. Nunca pienso en lo mucho que te puede deprimir eso de las fechas importantes hasta que se plasma en tu cabeza los años, los aniversarios, los meses cumplidos en tu relación en los que pudiste aprovechar, que aún estas a tiempo de movilizar, pero bueno, de eso no se vive (pero si se piensa).

Los ideales no cambian si te encuentras a las personas correctas que saben acompañarte en el camino. Aprender a acoplar tu vida con un segundo ser, te hace ver que ya estas creciendo y eso del papel de generador se vuelve más comprensible, más eficiente, la abundancia llega cuando tiene que llegar, dice aquel súper yo con el uno podría volverse loca.
Debería escribir un manual del cómo acoplarte a un segundo ser, siendo tu supuesta media naranja y también a mí me gustaría saberlo, aclaro. Aseguro a que a todos nos pasa, no me dejarán mentir que a veces piensas que eso no me pasará a mí o, crees que nada puede ser peor, a menos que te caigas a la hora del baño sólo por andar pensando en eso que no deberías de pensar, pendejadas.

Para serles sincera, vuelves a esperar de alguien aunque tu cabeza sabe que eso, es lo único que no deberías de hacer.

Hace poco leí un fragmento de Facebook, en el que hablaba de la vida ideal y la vida real, ahora lo aplico a cada momento y en cada pedacito en donde puedo, juro que te hace sentir mejor, te hace ser más tolerante, más inteligente. Yo particularmente vivía en un mundo de ideales, olvidé las cosas bonitas de la vida real, como lo es un bonito beso viendo una película sábado por la noche compartiendo secreciones en donde la glándula salival participa como protagonista, no había pensado que sería la despedida. Pero bueno, después de un brote de mariposas, corazones, y felicidad viene la tempestad.

Es muy fácil dar consejos, de dinero, del cómo cobrarle a tus clientes, del cómo deberías hacer esos chiles rellenos que tanto le gustan a tu novio o de como quitar las manchas amarillas de las axilas en las camisas blancas. Y qué me dicen de los consejos del amor, en los que cuando eres el afectado es bastante difícil ponerlos en práctica. ¿Saben que es lo más padre de todo? Que cuando está por llegar a tus días, tu amigo de cada mes disfrutas llorar, disfrutas pensar, reflexionar y hasta escribir. Sólo no me pongan a concentrarme.

Afortunadamente el tiempo ha ayudado a ver que aprendí a tomar las cosas de otra manera, gracias a eso, miro atrás y al presente, puedo decir que ser positiva es la virtud más grande que he adoptado, que las cosas son relativas, que todo pasa por algo y que las personas explotan, se encharcan y sobre todo se equivocan. A todos nos cuestan mucho las oportunidades, pero siempre hay formas de remediarlas. A mí, me falta mucho por aprender, me falta mucho para aceptar que también me equivoco y que soy humana como cualquier ser y mucho más. Con el tiempo he conocido a gente que valora mis palabras, mi trabajo y tengo experiencias diarias que van enriqueciendo lo que soy y lo que hago. Agradezco tanto todo aquello que me ha hecho crecer, primeramente mis socios progenitores que me dieron la vida, los que apuestan por mí ante todo.


¿Qué curiosa la vida verdad?



Llora, llora mucho.