Iris, laberinto de emociones entre tu ceja y la mia, sostengo yo, guerrera frágil, la fuerza de tu mirada, tu pupila recorre el tramo de piel que te observa.
Amo que te acerques a mis tierras húmedas, profundas de silencios y cantos.
Bosques de aguas cristalinas te habitan, con refugio a mis sueños, déjame ser la anciana sabia, mujer de cadera y palabra, niña dulce y pequeña. Permite que nuestras miradas se hagan el amor y se pierdan en la boca de las musas.
